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Historia

1584 era un annus mirabilis que buena parte de la cristiandad —trágicamente escindida por la crisis de la Reforma y las guerras de religión, con sus penosas consecuencias en el plano social y espiritual— esperaba anhelante desde tiempo atrás como el momento que iba a marcar una profunda mutación. Ya el astrónomo-astrólogo bohemo Cyprianus Leovitius Cyprianus Leovitius en una obra publicada en 1564 (Sobre las grandes conjunciones más importantes de los planetas superiores, eclipses de sol y cometas en la cuarta Monarquía, con la exposición histórica de sus efectos) había asociado la gran conjunción de casi todos los planetas en Aries y el paso a un trígono ígneo para los próximos 200 años que se iba a producir en la primavera de 1584 con la segunda venida de Cristo, el fin del mundo y el juicio final, esto es, con el cumplimento de las profecías escatológicas;  todo ello de acuerdo con la duración máxima de 6.000 años que las Escrituras parecían atribuir al mundo —que había cumplido ya los 5.500 años de existencia— y con la profecía de Cristo (Mateo 24, 22) de que los años finales serían «abreviados por causa de los elegidos».  En el decrépito estado de la cuarta y última monarquía —la romana restaurada por Carlomagno y transferida ad Germanos— no cabía sino esperar, en conexión con la misma gran conjunción que había coincidido con la Encarnación del verbo divino, el advenimiento —a tenor de la profecía de Daniel 2  y 7— de la quinta y última monarquía: la monarquía del Mesías tras el juicio final.

Las inesperadas y sorprendentísimas novedades celestes de los años setenta —la estrella nova que brilló en la constelación de Casiopea de 1572 a1574, el paso del terrible cometa de 1577, novedades milagrosas o praeternaturales por su incompatibilidad con la cosmología aristotélica, que excluía la generación y la corrupción del mundo celeste, y por ello evaluadas como portentos divinos dirigidos a los hombres como signos de los decretos divinos de inminente cumplimiento— se unieron a esas expectativas ampliando y confirmando la tensión escatológica. De la vasta literatura desencadenada en toda Europa sobre estas novedades celestes bástenos con señalar las obras del joven Tycho Brahe y de Helisaeus Röslin.


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That's what storms were made for, and you shouldn't be afraid for. Every time it rains it rains pennies from heaven. Don't you know each cloud contains pennies from heaven? You'll find yor fortune falling all over town. Be sure that your umbrella is upside down. Trade them for a package of sunshine and flowers. If you want the things you love you must have showers. So when you hear it thunder don't run under a tree. There'll be pennies from heaven for you and me.

 

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